EMDR (Movimientos Oculares Desensibilización y Reprocesamiento) es una psicoterapia de tercera generación, basada en cómo nuestro cerebro procesa las experiencias vividas y cómo las almacena, potenciando nuestro sistema de procesamiento natural a través de la estimulación bilateral. Recomendada para cualquier vivencia traumática.

EMDR

Es una psicoterapia de tercera generación, basada en cómo nuestro cerebro procesa las experiencias vividas y cómo las almacena, potenciando nuestro sistema de procesamiento natural a través de la estimulación bilateral. Avalada por la APA (Asociación psiquiátrica Norteamericana) y recomendada por la OMS (Organización Mundial de la Salud), como la  terapia más eficaz y adecuada para  la resolución del trauma.

 

A finales de los 80, Francine Shapiro, psicóloga  americana, descubrió de manera casual, cómo cuando movía los ojos de un lado al otro de forma rápida, sus pensamientos negativos cambiaban y bajaba la intensidad del malestar que sentía.

 

Empezó a estudiar sobre el tema y aplicó sus investigaciones a pacientes que habían sufrido trauma en la guerra de Vietnam.

 

A raíz des estos hallazgos surgió la terapia EMDR, Movimientos Oculares,  Desensibilización y Reprocesamiento.

Los MO (Movimientos Oculares) no sólo reducen la perturbación o malestar emocional en una persona, también producen cambios en las emociones, las sensaciones corporales, los pensamientos y el comportamiento.

 

Los recuerdos que producen malestar quedan reprocesados, se reorganizan con otros eventos, y se almacenan de una forma más adaptativa y funcional, de tal manera que lo que antes era una herida que producía dolor y malestar, ahora se convierte en una cicatriz que ya no molesta y de la que se obtiene un aprendizaje.

 

Esta terapia está recomendada para cualquier vivencia traumática, entendiendo trauma como aquella vivencia en la que las emociones superan la ventana de tolerancia y nos sobrepasan, bloqueando nuestra capacidad de integrar la experiencia.

 

Al principio se utilizaba en grandes catástrofes que provocaban estrés postraumático y en víctimas de abuso sexual. Actualmente se emplea en esos casos, pero también está recomendada para abordar trastornos de apego, relaciones de dependencia, dificultades para vincular, trastornos disociativos, abuso emocional, separaciones traumáticas, duelo, acoso, cambios vitales, trastornos de la alimentación, TOC, ansiedad, depresión, fobias, partos traumáticos, problemas de infertilidad... en definitiva todos los trastornos que no tengan una base orgánica.

 

También se utiliza para potenciar el alto rendimiento deportivo.